Sexting: smartphones, sexo y adolescentes

Hablar sobre sexo no siempre resulta un buen tema de conversación, y sobre todo cuando involucra a niños o adolescentes; pero la realidad es que el boom de la Internet y la mensajería instantánea, además de ser útil y beneficioso para la sociedad, ha desencadenado un sinfín de complicaciones sociales relacionadas con esta temática en particular.

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Para empezar, estamos más conectados que en el pasado, y he allí una verdad absoluta e irrefutable. No importa cuál sea nuestra ubicación geográfica u oficio, tener un teléfono inteligente, o smartphone, nos permite estar en contacto con otras personas; compartir nuestro día a día a través de las redes sociales; tomar fotografías, grabar videos y audios; además de permitirnos utilizar las funciones básicas de comunicación.

Aunque las llamadas y mensajes de texto siguen siendo utilizadas, encontramos formas más efectivas y rápidas para comunicarnos con otros; ejemplo de ello es la aplicación WhatsApp, con la cual podemos compartir contenido multimedia, e incluso realizar videollamadas. Pero además de esta, existen otras como Skype, Facebook Messenger y Google Hangouts.

Hasta ahora todo parece normal, pero ¿qué pasa cuando estas herramientas son utilizadas por niños o jóvenes sin la supervisión de un adulto? La falta de discernimiento puede llevar a la realización de actos inapropiados, desconociendo la relación entre acción-consecuencia.

Limitar los lugares a los que acceden los niños y jóvenes puede ser fácil si disponemos de herramientas específicas para este control, pero quizás esto no baste para protegerlos totalmente de la información aleatoria que puedan encontrar en Internet, y por ende, en las redes sociales.

Por supuesto, también surge una pregunta más difícil, ¿cómo resguardarlos de sus propias acciones?

Sex y texting en la comunicación actual

La expresión sexting comprende un acrónimo de dos palabras inglesas: sex y texting, que hace referencia a una práctica usual en la cual un emisor envía contenido sexual explícito a un destinatario, ya sea en forma de texto,  imagen e incluso video. Cabe destacar que esta es una acción voluntaria del emisor, y que probablemente sea correspondida por el destinatario.

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Es una especie de juego donde los involucrados están de acuerdo en compartir esta clase de contenido, ya sea por la confianza que exista entre ellos o por algún otro motivo. Sin embargo, las cosas pueden complicarse si el destinatario decide enviar este contenido a otros sin el consentimiento de quien emite el mensaje.

Aunque esta práctica sea considerada normal entre adultos, pero igualmente arriesgada; cuando es realizada por niños o adolescentes puede conducir hacia fines oscuros y turbios cuyas dimensiones son ignoradas por quienes emiten esta clase de mensajes. En primer lugar, porque los participantes son menores de edad, y este contenido puede ser considerado como pornografía infantil.

En esta práctica es la persona quien genera el contenido sexual y decide compartirlo con otra a través de alguna aplicación de mensajería instantánea o Internet, es decir, es el niño o adolescente quien decide enviar este clase de contenido sin pensar en las consecuencias que podrían desencadenar sus acciones, las cuales serían graves para su integridad física y emocional si el contenido es conocido por otros.

Estos son algunos de los riesgos que los menores de edad parecen desconocer al encontrarse en situaciones así, por lo que es imperativo vigilar su desempeño virtual.

Peligros de esta práctica

Debemos señalar que toda la información compartida de forma virtual o por mensajería instantánea puede ser fácilmente manipulada y divulgada sin ninguna clase de filtro. Cuando un contenido de cualquier naturaleza sale desde nuestro smartphone, o algún otro dispositivo electrónico, perdemos su rastro, y nos resultará imposible recuperarlo cuando pertenezca a la red.

De esta acción se desprenden algunos peligros graves como los siguientes:

  • Humillación, hostigamiento y Ciberbullying, ya que todo contenido sexual que compartimos de forma virtual puede terminar en la red, esto desencadenaría grandes consecuencias sobre nosotros. Resulta inevitable citar el caso de Jessie Logan, quien envió fotografías sexualmente explícitas a su novio, y este, al terminar la relación, envió las fotos a sus compañeros de clase. Todo esto ocasionó el acoso y la humillación de la chica, hasta que decidió acabar con su vida en el 2008. Tenía sólo 18 años.
  • Pornografía infantil, quizás uno de los peligros más graves porque el contenido sexual enviado descuidadamente por niños o adolescentes puede caer en manos de personas que se dedican a esto, y a cosas como la:
  • Sextorsión, mecanismo por el cual una persona al poseer alguna imagen o video explícito de otra, la extorsiona para no divulgarlo. Incluso puede obligarla a cometer otra clase de actos sexuales con tal de no revelar nada. La sextorsión está relacionada a su vez con el:
  • Grooming, acoso que involucra una clase de mecanismo sutil en la que un adulto puede hacerse pasar por un niño o adolescente en la red para lograr establecer conexiones con menores de edad, y prepararlos psicológicamente para luego abusar de ellos.

Todo esto nos lleva a reflexionar sobre la siguiente pregunta:

¿Por qué es importante el control parental?

Nunca ha sido tan imperativo como ahora conocer las andanzas de nuestros hijos, sobre todo luego de leer algunos de los peligros asociados a la práctica del sexting. No debemos solamente protegerlos de la red sino de las prácticas inapropiadas en las que puedan verse involucrados.

En épocas pasadas bastaba con castigar a los menores restringiéndoles ciertas diversiones como la televisión o los videojuegos; además, era fácil descubrir lo que hacían. Ahora son necesarias otras acciones para estar al tanto de lo que hacen, y de este modo orientarlos.

Si queremos prevenir el sexting y sus consecuencias, necesitamos recurrir a herramientas que nos permitan ejercer un monitoreo apropiado de la actividad virtual de nuestros hijos, principalmente de aquella realizada en su teléfono móvil. Así encontramos a Mspy, una excelente aplicación de monitoreo para lograr este propósito y ejercer el control parental por celular.

No solo tendremos la oportunidad de monitorear toda su actividad telefónica, sino que también podremos bloquear las aplicaciones que consideremos inapropiadas para su edad. Incluso, podremos saber qué clase de contenido multimedia comparte, es decir, tendremos acceso a fotos y videos.

Gracias a esta herramienta podremos tener paz mental, ya que sabremos cómo utiliza nuestro hijo su smartphone. Y, de existir alguna acción inapropiada, comentarla con él y corregirla.

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